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BERSA – Online – Agosto 18
Nahiara: una historia de golpes, creencias y silencio entre gitanos

Nahiara: una historia de golpes, creencias y silencio entre gitanos

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Los gitanos tienen códigos propios e inquebrantables. La tradición heredada establece costumbres ancestrales a las que nunca se renuncia. Como por ejemplo, el hecho de que el hijo varón de la familia  es la garantía de continuidad del apellido y debe velar por sus hijos tanto como por sus padres. Debe acompañarlos siempre, hasta sus últimos días. Y su familia ascendente y descendente deben compartir el mismo espacio.

Miguel Mica Cristo no cumplió con aquel dogma. Tras quedar viudo y convertirse nuevamente en padre, cayó en una depresión que lo llevó por oscuros caminos de alcohol y de drogas.

Mica, hijo menor y único varón de la familia instalada desde hace varios años en la zona del Aeropuerto de Paraná, se había casado con Rocío, una criolla que, a los 14 años, no tuvo problemas en integrarse a la comunidad. Aunque le costó entender las tradiciones y aceptar algunas reglas patriarcales, el amor pudo más y Rocío armó su familia junto a los Cristo.

El destino quiso que, en la plenitud de su vida, un tumor cerebral la condenara a morir joven. Aun con el diagnóstico de una enfermedad cruel y terminal quiso seguir con el embarazo de Nahiara que nació pocos meses antes de su muerte.

Aquel episodio durísimo signó la vida de Miguel, su esposo, que sufrió el dolor de la pérdida y, con dos hijas, viró hacia la violencia y los excesos. En esos tiempos conoció a Yani, una chica que ya tenía hijos y que buscaba también rehacer su vida. “Ella lo enamoró, lo sacó del alcohol y se lo llevó a vivir fuera del clan familiar”, recordó una gitana que se animó a hablar, con la condición de no revelar su nombre.

A partir de entonces, las cosas cambiaron. Mica dejó de tener contacto con su familia y los abuelos  quedaron a cargo de las dos nietas: Mía, de 8 años y Nahiara, de pocos meses.

A mediados del año pasado y después de una fiesta familiar de la que participó Miguel, se llevó a Nahiara a vivir con él. Desde entonces, los abuelos dejaron de verla con frecuencia. Para entonces, Yani, su nueva pareja transitaba los primeros meses de embarazo de la bebé que nació esta semana y que decidieron llamar Génesis.

Las tías de las nenas -hermanas del padre- se escaparon de la familia, en plena adolescencia porque no querían casarse con sus primos. Fueron expulsadas de la comunidad y nunca perdonadas por el patriarca y jefe de la comunidad. Ellas tampoco sabían nada de lo que pasaba puertas adentro de la casa de la nueva familia de Mica.

Explicación. Algunos encuentran en estas viejas costumbres gitanas la explicación al hecho de que los familiares no hayan denunciado lo que sospechaban que pasaba con la nena. “Sabían que algo pasaba. Suponían que había violencia, golpes y gritos, pero no se imaginaban esto”, indicó. Y buscó una justificación en la forma de ser y de pensar de los integrantes de la comunidad: “Los gitanos no se manejan haciendo denuncias en la Justicia. Es complicado de explicar, pero no está todo tan claro entre ellos. Hay matrimonios que se forman entre primos, robos en la propia familia, acuerdos que se respetan, pase lo que pase”, reveló la fuente.

“Ellos decían que querían acercarse a la nena y no podían. Y tenían la versión de que esta chica -Yani- practicaba ciertos ritos oscuros. Y eso les produce mucho miedo a los gitanos. Creen en el poder de las fuerzas negativas”, contó la mujer. Y agregó: “Yo creo que por eso tomaron distancia y no insistieron en ver a la nena. Pero igual, jamás pensaron que todo iba a terminar así”.

“Nahiara debía morir cuando naciera su hermana. Y así fue”

Vialidad Noviembre 2017
Centro de Ojos – Dr Lodolo

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