Viral

El «estafador» de Rosario que se volvió viral

Una estudiante de la Facultad de Derecho descubrió el modus operandi del farsante. Las mentiras tienen patas cortas.

Se lo conoce como «Perro Vaca», seguramente por su piel blanca con manchas negras. Es un simpático can, fanático de la comida, que suele frecuentar la Facultad de Derecho de Rosario. Para muchos, un perrito callejero al que hay que darle de comer para que no sufra en sus noches de soledad.

Una tuitera @manadigiur, armó un divertido hilo para «revelar» la mentira, la estafa del perrito, y su engaño a rosarinos y turistas.

“Apenas sos un ingresante en la Facultad de Derecho y este ser de cuatro patas es el primero que se te aparece con su hermoso hocico, logra comprarte al instante con su obesidad que lo caracteriza y esa cara de dame comida”, arranca la descripción la joven, con un par de imágenes del tierno can.

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Aparentemente, con tal de comer, el «Perro Vaca» cursa todas las materias. «Siempre está, pidiendo comida y seduciéndote con sus encantos, haciéndose el callejero y desahuciado», explica el revelador hilo.

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«Su glotonería no es exclusiva de los días hábiles: sábados y domingos, ante la ausencia de gente en la Facultad, el animal cambia de locación para seguir comiendo», detalla la estudiante.

Pero la verdad, finalmente, salió a la luz. Las mentiras tienen patas cortas y los estudiantes descubrieron la verdadera identidad de Perro Vaca.

Para terminar de cerrar el hilo, @manadigiur compartió un video de «Perro Vaca», o mejor dijo, Blanqui, con correa y en control de su dueño. Ese video ya recibió más de 770 mil reproducciones. El primer tuit ya acumula 64 mil RT y más de 179 mil «me gusta».

Su verdadera historia

“Blanqui” y tiene unos 12 años. Y por mucho tiempo sí deambuló por las calles de Rosario.

Silvana González, su dueña, contó en el programa Radiópolis que lo acogió en su casa hace más de tres años. En ese entonces iba de acá para allá con otro perro y ambos dormían en una caja que un vecino de Santa Fe y Balcarce le había dejado en un rincón.

“Pero venía una señora y le sacaba la caja y para no terminar en problemas hablé con mi marido”, contó González que reconoció que cuando se trata de maltrato animal “no soy una chica tranquila”.

En ese entonces, en su casa ya cuidaba de otros tres perros y temía cómo podía ser la convivencia. Pero todos se llevaron muy bien aunque Blanqui y Negrito nunca perdieron las mañas: a la mañana temprano pedían salir y volvían a la noche.

En eso, Blanqui sufrió la pérdida de su fiel Negrito que murió tras una enfermedad en los riñones. “Se nos vino abajo –recordó González–. Lo buscaba hasta que se dio cuenta que no iba a ver más a su amiguito y siguió yendo y viniendo”. «Es tremendo, tremendo. En las manifestaciones siempre va primero», se rió. 

Hoy su rutina comienza temprano. En invierno parte a la mañana rumbo a la facultad y regresa a su casa a las 20. “Su timbre es el ladrido”, dijo la mujer, habituada ya a su vida independiente.

Y en verano, Blanqui pasea por la costanera en busca de alguna masita o choripán. Nada de comida balanceada. 

Un enero, había intentado entrar a la facultad a ladrido limpio y González tuvo que ir a buscarlo: “No se dio cuenta que en el verano cierra la facu y una vecina me avisa que estaba a los gritos en la puerta. Pero es muy vivo el tipo, y entonces agarró para el lado del río”.

“Yo considero que el perro es mío pero es también es de todos. Sólo pido que lo respeten como es”, dijo González.

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